Libertari@s

jueves, 7 de junio de 2012

Civilización, degeneración



Cambiar, rebajarse, 
odiar, sufrir, 
poner el culo y no ver, 
eso es lo que parece ser que es civilizarse, 
tener que competir, a un alto puesto aspirar, 
pero no protestar cuando sufras sus agresiones. 
Cambiar, rebajarse, odiar, sufrir, poner el culo y no ver 
eso es lo que a mi entender es su mierda de civilización 
¿que civilización? 
Suicidas, torturados, parados y asesinados 
carnaza de los que se dicen civilizaos, 
niños y ancianos mueren por la puta polución, 
autovías que matan la vida del monte, 
a eso es, a lo que, llaman civilización, 
el chiste no ha estado mal, 
cuéntame otro que sea mejor.
Cambiar rebajarse, odiar, sufrir, 
poner el culo y no ver
eso es lo que a mi entender es civilizarse 
tener ke competir, a un alto puesto aspirar, 
pero nunca protestar cuando sufras sus agresiones 
tú ¡no protestar! 
o serás aplastado por su civilización 
¿que civilización? 
millones de ríos contaminaos, 
el mar ya es que no es ni azul, 
bosques y montes masacrados, 
civilización, degeneración

NO KIERO PARTICIPAR



SIEMPRE ESTAMOS EN DIOS KAGANDONOS
Y KE OSTIAS HACEIS MI CUADRILLA AKÍ?
SI NUNCA CREÍMOS EN LA CRISTIANA HIPOCRESÍA
YO NO VOY A PARTICIPAR DE ESTA FARSA
NEGOCIO PA ENRIQUECER SUS BENDECIDAS MAFIAS

miércoles, 6 de junio de 2012

Buenos momentos


Otro día gris, otro día mas, 
otro mas para olvidar, 
es difícil acostumbrarse 
a este tiempo deprimente. 
Algo no funciona bien, 
cuando solo estás viviendo 
de rememorar algunos buenos momentos. 
Que nos queda?, que se fue? 
yo ya no estoy atento, yo ya no estoy!,
todo aquello hace tiempo se acabo, 
es otro momento, hay que seguir.
Esta sensación, de sentirme muerto, 
puta maldición, que crece en silencio. 
Cantando canciones viejas, y contando cuentos, 
viviendo solo para recordar los buenos momentos. 
Agua que no corre, acabara podrida, 
y ya no lo pienso; 
me voy de cabeza hacia el mar abierto.
El agua estancada termina siempre podrida...

Vivir al revés


Dinero


Él es el que mueve este sistema 
y el que nos arrastra al kaos final
él es el dueño de la verdad que se puede comprar. 
La gente espera de él la felicidad 
según lo que tienes tú valdrás 
en esta asquerosa sociedad
es eso lo que hay. 
Nunca podrás cambiar mi mente, 
mi cerebro nunca podrás cambiarme 
¡nunca, nunca, podrás cambiar! 
Intentaré que mi conciencia siempre esté tranquila 
mi fuerza de trabajo cara venderé 
por dinero no me arrastraré.



Dulce hogar


Pues así está establecido, 
si es que tú eres mujer, 
búscate un buen mozo 
y después agárrate muy bien a él 
tu futuro está asegurado, 
y de su curro a vivir 
y él ahora ya tiene quien
 le limpie el culo y le dé bien de comer. 
Júrale amor eterno, 
y cásate con él 
pon el coño todas las noches 
y ya has cumplido tu papel 
ya formáis ese dulce hogar 
pilar de esta sociedad 
al principio mucha alegría 
luego solo rutina y aguantar ¡y aguantar! 
Después niños traer, 
a este mundo que alegría nos traerán, 
será estupendo y tal 
el marido ya está en paro 
y ya son seis niños que alimentar ¡qué coño va a pasar! 
¿por qué cojones no te hiciste la vasectomía? 
Cuando vienen sus amigos 
los niños en el sofá, 
no mueven una pestaña 
por lo que pueda pasar
tu pintada y maquilladla a tragar,
repartiendo mil sonrisas de un hipócrita total. 
Los amigos se han marchado, 
los niños a ostias están, 
¡tu vieja! a la cocina, 
quítate ese traje recoge toda la mierda y ponte a fregar. 
El viejo se ha largado a emborracharse a el bar 
nadie le espera, pues cuando vuelva... 
seguro se enterarán, seguro que se enteran.

martes, 13 de marzo de 2012

Que paz



Esta paz huele mal
Es la paz de los muertos

No queremos esta paz podrida
es un ser deforme
Esta paz impuesta por los que dominan
este cementerio
Guerra siempre al Estado
Guerra hasta que caiga
Guerra para destapar
su guerra encubierta

Del Estado al hombre es orden;
del hombre al Estado ¡Violencia!

Esta paz huele mal
Es la paz de los muertos

La comodidad de ser dominados
nos lleva al silencio
¿Quieres ver lo que es sufrir por estar despierto?
Guerra siempre al Estado
Guerra hasta que caiga
Guerra para destapar
su guerra encubierta

La paz del cerdo cuando lo engordan para comerlo

"EL GOBIERNO DEL HOMBRE POR EL HOMBRE ES ESCLAVITUD.EL QUE INTENTE GOBERNARME Y PONERME UNA MANO ENCIMA,ES UN TIRANO Y LO DECLARO MI ENEMIGO. MIJAIL A. BAKUNIN"

martes, 28 de febrero de 2012

No kiero participar


Siempre estamos en dios cagandonos
y que ostias haceis mi cuadrilla aquí?
si nunca creímos en la cristiana hipocresía!

Estos putos ritos no son muy bonitos
echar vinagre en la herida jode bastante
el cura, este calvo, habla de mí
como si de siempre el sinvergüenza me conociera

"Nuestro querido y joven amigo
que descanse en paz
era más bueno era más bueno
más bueno que el pan"
¡Callate cerdo! ¡Cerdo!

Esta farsa es negocio pa' enriquecer
a las mafias funerarias ¡carroñeras!
mis viejos se han quedao más tranquilos
pero ahora los que les tiemblan
son sus bolsillos!

Paso en estéreo de comulgar,
no quiero participar.
No tiene nadie por qué sufrir más
por mi muerte viniendo a este lugar
que yo siempre he odiado
que baja la moral,
no necesito embalajes de tantas mil
mi cuerpo muerto que se pudra sin más
que se lo trague el mar o que vaya al fuego
un par de tragos por mí y ya nos veremos!
un par de tragos más y menos ostias!

Sin dios ni ná




Sin dios ni patria ni rey
Sin dios ni patria ni ley
No serviré a ningún rey
ni lutxaré pa' aumentar
vuestro poder militar
tampoco la religión
me hará cambiar de opinión
no kiero su bendición
cristo me importa un cojón
y vuestra puta justicia
no es más ke una sucia estafa
ke os mantendrá en el poder
para podernos joder.

Mi única patria es el mundo
a la mierda las fronteras.
Buda, alá y cristo son cuentos
para unos cuantos ke aceptan
ke les roben lo ke es suyo
así de buenas a primeras
y rezando se consuelan.. ¡Julays!

Sin dios ni patria ni rey
Sin dios ni patria ni ley

Lo contrario es estar vivo


Muere lentamente
quien se transforma en esclavo de los hábitos,
quien no se arriesga,
quien evita la pasión,
quien no arriesga lo cierto
por lo incierto,
quien abandona antes de empezar,
quien se queja de su mala suerte,
quien no viaja
ni lee,
quien no sueña
ni persigue sueños,
quien no confía,
quien no lo intenta,
quien no ama.

Lo contrario es estar vivo

lunes, 27 de febrero de 2012

Eso de dios da que pensar...

Si
la
ignorancia
sobre
la
naturaleza
dio
nacimiento
a
los
dioses,
el
conocimiento
de
la
naturaleza
está
destinado
a
destruirlos.

el hábito en el habitat


No acepten lo habitual
como una cosa natural
pues en tiempos
de confusión organizada,
de arbitrariedad consciente,
de humanidad deshumanizada,
nada debe ser
natural
nada debe ser
imposible de cambiar

¿vida útil?


A veces
nos paramos tanto tiempo a contemplar una puerta que se cierra que vemos demasiado tarde otra que se abre.

genialidad



Todos somos unos genios,
pero si juzgas a un pez
por su habilidad de escalar
vivirá su vida entera
creyendo que es estúpido

la aventura en el más pequeño ser



Día tras día, se niega a los niños el derecho de ser niños. Los hechos, que se burlan de ese derecho, imparten sus enseñanzas en la vida cotidiana. El mundo trata a los niños ricos como si fueran dinero, para que se acostumbren a actuar como el dinero actúa. El mundo trata a los niños pobres como si fuesen basura, para que se conviertan en basura. Y a los del medio, a los niños que no son ricos ni pobres, los tiene atados a la pata del televisor, para que desde muy temprano acepten como destino, la vida prisionera. Mucha magia y mucha suerte tienen los niños que consiguen ser niños.

martes, 8 de noviembre de 2011

Los solos y los nadies, juntos por un nuevo mundo

Allá arriba pretenden repetir su historia.
Quieren volver a imponernos su calendario de muerte,
su geografía de destrucción.
Cuando no nos despojan de nuestras raíces, las destruyen.
El trabajo nos roban, la fuerza.
Nuestros mundos, la tierra, sus aguas y tesoros, sin gente dejan,
sin vida.
Las ciudades nos persiguen y expulsan.
Los campos mueren y nos mueren.
Y la mentira se convierte en gobiernos y el despojo
arma a sus ejércitos y policías.
En el mundo somos ilegales, indocumentados, indeseados.
Perseguid@s somos.
Mujeres, jóvenes, niños, ancianos mueren en muerte
y mueren en vida.
Y allá arriba predican para abajo la resignación,
la derrota, la claudicación, el abandono.
Acá abajo nos vamos quedando sin nada.
Sólo rabia.
Dignidad tan sólo.
No hay oído para nuestro dolor
como no sea el del que como nosotr@s es.
Nadie somos.
Solos estamos y sólo con nuestra dignidad y con nuestra rabia.
Rabia y dignidad son nuestros puentes, nuestros lenguajes.
Escuchémonos pues, conozcámonos entonces.
Que nuestro coraje crezca y esperanza se haga.
Que la dignidad raíz sea de nuevo y otro mundo nazca.
Hemos visto y escuchado.
Pequeña es nuestra voz para eco ser de esa palabra,
nuestra mirada pequeña para tanta y tan digna rabia.
Vernos, mirarnos, hablarnos, escucharnos hace falta.
Otros somos, otras, lo otro.
Si el mundo no tiene lugar para nosotr@s,
entonces otro mundo hay que hacer.
Sin más herramienta que la rabia,
sin más material que nuestra dignidad.
Falta más encontrarnos, conocernos falta.
Falta lo que falta…

sábado, 5 de noviembre de 2011

El chavo reflejado en la sociedad, o viceversa


Durante una clase de historia, el Profesor Jirafales le pregunta al Chavo qué tuvieron que hacer los aztecas cuando los españoles se instalaron en sus dominios. El niño toma su libro y lee con entusiasmo:
-"Tuvieron que pegarte ¡bruto!"
El Profesor, sorprendido primero, furioso después, corrige, remarcando las palabras:
-"Tuvieron que pagar tri-bu-to".

El Chavo lee mal. No sólo tiene problemas con sus libros de historia, sino también con las historietas y los libros de cuentos. A su vez, para el Chavo las palabras son lo que dicen, exclusivamente, sin sobreentendidos ni metáforas (la Bruja del 71 es una auténtica bruja, con pócimas maléficas y escoba, y no sólo una vieja chismosa). La mala lectura y la extrema literalidad son las bases de su propia lógica. Y con ella desarticula cuanto razonamiento encuentra a su paso.

La vecindad del Chavo está ubicada en un humilde barrio del Distrito Federal de México. Sus habitantes más que amigos son vecinos. Odios, envidias, resentimientos, orgullo y desdén circulan de un personaje a otro, tejiendo la red que los mantiene unidos y que, en muchos casos, constituye el eje de sus vidas. El vecino es el espejo de lo que cada uno no quiere ser, pero que es: pobre, inculto y con escasas posibilidades de revertir su destino. Los personajes adultos responden a estereotipos que vienen heredados de lejos y contra los que no oponen resistencia alguna: la autoritaria ama de casa, la vieja chismosa, el vago y borracho, el profesor engreído y el satisfecho cobrador de rentas. Para ellos la existencia está pautada por una serie de gestos, acciones y palabras que se suceden, una y otra vez, hasta el hartazgo. Incluso, el amor que siente Doña Florinda por el Profesor Jirafales parece la repetición de una telenovela, un mal libreto del que es imposible salir ("¡qué milagro verlo por acá", "no será mucha molestia…" un día tras otro).

En este contexto de conductas prefijadas aparecen los niños. Nada queda en pié con el Chavo y sus amigos, ni los espacios ni el lenguaje ni los símbolos de la autoridad. Si el Señor Barriga recibe un pelotazo que lo tira al piso cada vez que viene a cobrar la renta, tampoco el maestro corre mejor suerte. Cuando Doña Florinda les dice que sólo con el estudio y la lectura podrán parecerse, de grandes, al Profesor Jirafales, los chicos se apresuran a cerrar los libros que estaban leyendo. Ese espejo, indudablemente, resulta aterrador. Pero mientras Quico, la Chilindrina y Ñoño, de una forma u otra, ya empiezan a reflejar los gestos de sus mayores (las picardías de la nena, la superioridad que siente Quico frente a la "chusma" y la ejemplaridad de Ñoño reproducen, sucesivamente, la astucia de don Ramón, el desdén de Doña Florinda y la solvencia del Señor Barriga), es el Chavo el que desestructura, desde la misma base del lenguaje, la vida en la vecindad.

El Chavo no tiene padres ni tutores a la vista; no es un eslabón más de la monstruosa cadena de herencias y de infinitos reflejos. Es un ser único que habita un espacio que, como su barril, rompe la continuidad del mundo construído. La interpretación del lenguaje en su sentido literal provoca una interrupción en el discurso de los otros, que los obliga a recomenzar, una y otra vez. Incluso, cuando intenta descifrar la diferencia entre un término correcto y su mala pronunciación ("¿cómo se dice?…¿y yo cómo dije?… ¿y cómo se dice?…¿y yo
cómo dije?", el Chavo no hace otra cosa que desenmascarar, involuntariamente, siempre involuntariamente, el carácter convencional de las palabras. "¡Es que no me tienen paciencia!" suspira frente a la impotencia y la furia de sus interlocutores. El espacio de la comunicación social queda en un suspenso del que sólo se puede salir con gritos, cachetadas o a través del absurdo.

Pero el Chavo no es un niño rebelde a la autoridad adulta, tampoco un resentido social. Ni siquiera es un chico muy travieso. Y aunque a veces lo parezca, tampoco es tonto. No cuadra en ninguna definición que permita clasificarlo y asimilarlo a la sociedad. Para él, cada encuentro con sus mayores, o con los otros niños, representa la posibilidad de alimentar esta lógica de palabras primeras (de allí su actitud dócil, casi interrogante, lejos de la malicia de la Chilindrina o de la obediencia ciega de Quico). Lógica que, en sus manos, tiene la fuerza de una topadora.
Desposeído, mal lector y fiel a las palabras, al Chavo sólo le queda ser igual a sí mismo. Y esto, con mucha frecuencia, genera violencia en los otros.

viernes, 4 de noviembre de 2011

Anónimo




La vida no puede ser sólo algo de lo cual aferrarse. Es un pensamiento que florece en todas partes, por lo menos una vez. Tenemos una posibilidad que nos hace más libres que los dioses: la de irnos. Es una idea para saborear hasta el fondo. Nada ni nadie nos obliga a vivir. Ni siquiera la muerte. Por eso nuestra vida es una tabula rasa, una tablita que todavía no ha sido escrita y que entonces contiene todas las palabra posibles. Con una libertad similar no podemos vivir como esclavos. La esclavitud está hecha para quien está condenado a vivir, para el que está destinado a la eternidad, no para nosotros. Para nosotros está lo desconocido.

Lo desconocido de ambientes en los cuales perderse, de pensamientos jamás recorridos, de garantías que saltan por el aire, de perfectos desconocidos a quienes regalar la vida. Lo desconocido de un mundo al cual poder donarle los excesos del amor de sí. El riesgo, también. El riesgo de la brutalidad y del miedo. El riesgo de verlo finalmente a la cara, el mal de vivir. Todo esta encuentra quien quiere terminar con el oficio de existir.

Nuestros contemporáneos parecen vivir de oficio. Se enloquecen abarrotados por miles de obligaciones, incluida la más triste -la de divertirse-. Enmascaran la incapacidad de determinar la propia vida con detalladas y frenéticas actividades, con una velocidad que administra comportamientos cada vez más pasivos. No conocen la ligereza de lo negativo.

Podemos no vivir, he aquí la más bella razón para abrirse paso con fiereza hacia la vida. “Para dar las buenas noches a los músicos siempre hay tiempo; lo mismo vale darse vuelta y jugar” -así habla al materialismo de la alegría-.

Podemos no hacer, he aquí la más bella razón para actuar. Recogemos en nosotros mismos la potencia de todos los actos de los que somos capaces, y ningún amo podrá quitarnos la posibilidad del rechazo. Aquello que somos y que deseamos comienza con un no. De allí nacen las únicas razones para levantarse a la mañana. De allí nacen las únicas razones para ir armados a asaltar un orden que nos sofoca.

Por un lado está lo existente, con sus costumbres y sus certezas. Y de certezas, este veneno social, se muere.

Por el otro lado está la insurrección, lo desconocido que interrumpe en la vida de todos. El posible inicio de una practica exagerada de la libertad.

El orígen del mundo




Hacía pocos años que había terminado la guerra de España y la cruz y la espada reinaban sobre las ruinas de la República. Uno de los vencidos, un obrero anarquista, recién salido de la cárcel, buscaba trabajo. En vano revolvía cielo y tierra. No había trabajo para un rojo. Todos le ponían mala cara, se encogían de hombros o le daban la espalda. Con nadie se entendía, nadie lo escuchaba. El vino era el único amigo que le quedaba. Por las noches, ante los platos vacíos, soportaba sin decir nada los reproches de su esposa Beata, mujer de misa diaria, mientras el hijo, un niño pequeño, le recitaba el catecismo.
Mucho tiempo después, Joseph Verdura, el hijo de aquel obrero maldito, me lo contó. Me lo contó en Barcelona, cuando yo llegué al exilio. Me lo conto: él era un niño desesperado que quería salvar a su padre de la condenación eterna, y el muy ateo, muy tozudo, no entendía razones.
- Pero papá -le dijo Joseph, llorando-. Si dios no existe ¿quién hizo el mundo?
- Tonto -dijo el obrero cabizbajo, casi en secreto- Tonto. Al mundo lo hicimos nosotros, los albañiles.






Eduardo Galeano

domingo, 30 de octubre de 2011

La historia de un pueblo que quiere volver

Los anarquistas de Cerro Negro



Fue la idea
de Diego Abad de Santillán y otros dos amigos. Tuvo su época de esplendor, un largo período de olvido y hoy, a contramano de lo que sucede con otros asentamientos rurales, sacude su letargo y promete volver a ser un caserío activo, prolijo y tan bello como su marco natural.

Jorge Camarasa
Especial

Después de años de olvido y de abandono, que amenazaban con enterrar para siempre su historia, un pueblo casi desaparecido va por la revancha: Cerro Negro, nacido del sueño de un puñado de anarquistas que hace más de 60 años quisieron fundar una comunidad libertaria en medio de las Sierras Chicas, ha comenzado a resurgir de entre sus ruinas.



Es un caso raro el de este pueblo, que en lugar de desaparecer, aparece. Hasta ahora, sólo sobrevivían de él la añoranza de lo que podía haber sido, el recuerdo de Diego Abad de Santillán y la memoria de un grupo de republicanos españoles expulsados de su patria por el franquismo.

La fundación había sido un intento que al principio había marchado bien, pero después se había ido perdiendo con el tiempo, hasta transformarse en un fantasma inaccesible en las alturas de Villa Albertina, 130 kilómetros al norte de Córdoba.

A Cerro Negro se lo habían llevado puesto el paso de los años, un progreso que no había sido tal, y el naufragio de unas ideas vapuleadas por el temporal de la historia.

Y ahora, seis décadas después de su fundación y 40 años más tarde de su apogeo, ese caserío despoblado que parecía los restos de un sueño que ya no soñaba nadie, ha empezado a animarse de nuevo.



Santillán.

Cuando llegó por primera vez a Cerro Negro, a fines de 1942, a Diego Abad de Santillán el lugar le debe haber recordado a Reyero, la aldea perdida en las montañas de León, donde había nacido. La misma soledad, la misma tierra dura y seca y, lo mismo que en Reyero, casi todo por hacer.

Santillán, como prefería que lo llamaran, era en verdad Sinesio Baudilio García, y se había inventado el apodo en España, en la clandestinidad de la lucha contra el franquismo. La Argentina no era un lugar desconocido para él, y hasta entonces había estado yendo y viniendo, siempre con el equipaje de ideas de tantos otros exiliados europeos que elegían el país como refugio.

Anarquista profundo, de convicciones inclaudicables, traía a la rastra la historia apasionada y trágica de la Guerra Civil Española, donde había llevado una vida de militancia, combates y cárceles.

Sus idas y vueltas entre España y la Argentina habían comenzado en 1905, cuando tenía 8 años y sus padres habían llegado al país para hacer la América. En 1917 había regresado a Madrid, y comenzado a estudiar filosofía, y allí fue detenido por primera vez en la calle, durante una huelga general.

Fue su bautismo de fuego de militante y, al año siguiente, de regreso en Buenos Aires, comenzó a activar en la Federación Obrera Regional Argentina, de la que editaría su periódico La Protesta. Para entonces, la práctica anarquista ya le ocupaba la vida, y lo mismo le pasaría en Berlín, donde vivió cuatro años, en México, en Uruguay o aquí mismo, donde en 1930 sería condenado a muerte y tendría que fugar.

En 1931, tras la proclamación de la República en España, volvió a Madrid, luego retornó de nuevo a Buenos Aires, donde vivió otros dos años en la clandestinidad, y en 1933 se instaló en Barcelona.

Para entonces, a los 36 años, Santillán ya era un dirigente reconocido, y el escenario tumultuoso de la República Española sería el marco de su mayor actividad. A comienzos de 1934 se había integrado a la Federación Anarquista Ibérica como secretario, y en 1936, al estallar la sublevación de Francisco Franco en el norte de África, sería el organizador del Comité de Milicias Antifascistas de Cataluña y el consejero de economía de la Generalitat.

En 1939, tras la derrota de los republicanos a mano de los nacionales franquistas, Diego Abad de Santillán se exilió en Francia durante dos años y, a fines de 1942, regresaría a la Argentina, que era como su segunda patria, donde desarrollaría su actividad intelectual como historiador del movimiento obrero.

Fue entonces cuando, durante un viaje a Córdoba con un grupo de camaradas, descubrió Cerro Negro y empezó a tener su sueño libertario para ese rincón de las sierras.

La fundación.

La aventura de fundar Cerro Negro –porque en principio el intento no era más que eso, una aventura– fue la obra de dos hombres y una mujer: Abad de Santillán, su hermana Julia García, y el marido de ella, Jaime Moragues. La mujer y su esposo vivían en Santa Fe, donde ella era activista del gremio docente y él un herrero de convicciones libertarias, y con el tiempo se convertirían en los mayores impulsores del proyecto.

En 1942 habían comprado los terrenos, que empezarían a lotear entre camaradas, amigos y conocidos, y al año siguiente ya habían levantado el tanque de agua y la hostería. En 1944 funcionaba una sociedad de responsabilidad limitada, y en 1952 se fundó la cooperativa con el aporte de José Cielo Rey, un empresario de Buenos Aires de origen cubano, que había llegado a la villa unos años antes traído por Santillán, con quien compartía sus ideas anarquistas.

En los años siguientes el pueblo tendría sala de primeros auxilios, una estafeta y una escuela, y un colectivo que iba y venía dos veces por día desde Deán Funes lo vinculaba al resto del mundo.

Los primeros habitantes le daban ese aire de comunidad libertaria que lo hacía único y atraía a librepensadores. Los servicios se manejaban en forma comunitaria, las actividades eran casi siempre colectivas y hasta los administradores de la hostería, Jaime Ronda y su esposa Catalina, eran anarquistas, y sus huéspedes eran docentes, empleados públicos y obreros santafesinos que compartían sus ideas.

Aunque no era una condición excluyente para integrarse a la vida de Cerro Negro, casi todos comulgaban en esa idea de libertad que Santillán expresaría en sus libros: “La libertad es esencia de vida, no es una palabra en el aire. Hemos tenido casi toda la Historia contraria a esa libertad, en nombre de toda clase de mitos: religiosos, políticos, dinásticos, estatales. Estamos contra esa clase de mitos, porque nosotros defendemos la libertad y el ser humano como realidad, no como instrumento anexo a cualquiera de esos mitos. Esa es la principal diferencia con otros grupos. No somos peligrosos para nadie, excepto para quienes quieren anular a la persona humana. Un hombre sin libertad no es un hombre”.